jueves, 30 de septiembre de 2010

El títere.

Relato para la ilustración "Theatrum Mundi" de mi amigo NiñoCactus (el cree que ilustrar no es lo suyo, pero no estoy de acuerdo):

Volvía al baúl cada noche, al terminar el espectáculo. En cuanto bajaba el telón, se desmadejaba lánguido, brazos y piernas sin vida. Estaba tan cansado, repitiendo continuamente los mismos pasos, día tras día, en cada actuación … izquierda, derecha, vuelta, reverencia.

Pero era en ese justo momento, cuando se cerraba la caja y la oscuridad era absoluta, cuando empezaba a vivir. Como por arte de magia, desaparecían los hilos que lo maniataban y un vigor extraordinario templaba sus músculos de trapo. Se podía poner en pie sin ayuda del titiritero, podía andar, correr y hasta volar. Y con esa fuerza inusitada, abría la tapa del cajón y se elevaba en el aire, quedando allí abajo el teatrillo de madera y el resto amontonado de sus compañeros exánimes.

Subía hasta las nubes y las atravesaba con fuerza, le encantaba agujerearlas y deshilacharlas en hebras de algodón. Después hacia un picado hacia el océano y aterrizaba sobre la espalda de la gran ballena azul. A veces entonaban a dúo hermosas canciones, cabalgando sobre las olas, y otras, contemplaban en silencio reverente el cielo polar vestido de colores.

También le gustaba volar hasta el desierto y dibujar estrellas enormes sobre la arena, todo un firmamento de granos diminutos.

Surcaba los ríos más despiadados, burlándose de rápidos y cataratas; trepaba a los árboles más altos para rozar La Luna con la punta de los dedos; recorría la sabana aferrado a la melena del león; dirigía a rayos, truenos y relámpagos en la orquesta filarmónica de la tormenta.

Todo terminaba al abrirse de nuevo la tapa del arcón. Los hilos volvían a sujetar sus brazos, sus piernas, su cabeza y el titiritero controlaba otra vez sus pasos: izquierda, derecha, vuelta, reverencia …

Poco le importaba, era el dueño indiscutible de sus sueños.

3 comentarios:

Gabriel Bevilaqua dijo...

Aurora, es un relato muy hermoso. Me gustó. Voy a leer más :)

Aurora dijo...

Gracias, Gabriel!

Puri dijo...

Un relato precioso, Aurora. No sabía que también escribías... Me lo contó Niño-Cactus que estuvo ayer por Zaragoza. Por cierto y la ilustración de Niño-Cactus, ¿dónde se puede ver? Me pica la cuirosidad...